El hermoso guardián del monte


Apodado "Guardián del monte", el yaguareté es un hermoso ejemplar felino, el de mayor tamaño en América. 

Antiguamente habitaba desde el sudoeste de Estados Unidos hasta Río Negro, Argentina. Gran cazador solitario,  salvo en época de celo y cría, exclusivamente carnívoro, captura y consume con su poderosa dentadura, pequeños roedores, pecaríes, corzuelas, carpinchos, coatíes, lagartos y yacarés. Además, se alimenta de animales domésticos como equinos, bovinos, ovinos, porcinos y perros.

Según los grupos humanos que han tenido la oportunidad de descubrirlo y conocerlo, ha sido su nombre: Nahuel, ( nombre mapuche)  Kiyué (nombre de los aborígenes Tobas), tigre americano, ,jaguar, ya gua-e-té (nombre paraguayo). La legislación argentina prohíbe su comercialización, vivo o muerto. Dentro de nuestro país, el yaguareté habita en la actualidad en la selva húmeda salteña y jujeña, algunos sectores del Chaco y fundamentalmente en la llamada selva misionera (Provincia de Misiones al NE de nuestro territorio), donde encuentra una gran variedad de ambientes naturales: bosques tupidos, selvas enmarañadas, refugiándose habitualmente,  en lugares próximos al agua: costa de los ríos, bañados, lagunas y esteros. El yaguareté es un ágil nadador, que puede capturar fácilmente sus presas en el agua.
Actualmente se encuentra en peligro de extinción, a pesar de los grandes esfuerzos y compromiso del gobierno de la Provincia de Misiones, de los Centros de estudio y de las ONG que velan por su conservación. 
La razón de su extinción aparece fundada en el temor del hombre desde épocas pasadas, por su propia vida y la de su ganado. Pero, es cierto que también, ha sido víctima de una caza indiscriminada por parte de sus captores furtivos, perseguidores de su hermosa piel, usada en prendas de vestir y  alfombras.


En la lengua guaraní, yaguareté significa "verdadera fiera", en alusión a su fuerza y ferocidad.
Desde siempre fue perseguido y lo mataron con diversos métodos.
Su carne era consumida por algunos grupos de indígenas, pero a lo que más utilización daban de este animal era su piel. Esta se ocupaba en la confección de alforjas, alfombras, mantas, gorros, cintos o aperos.
Varias creencias y leyendas acerca de este animal se citan en la narrativa tradicional.


Algunas de ellas están ligadas a su amistad con el zorro, quien siempre se burla de él a pesar de su fiereza. También pequeños animales suelen derrotarlo, como monos, cuises y otros.




Unos de estos relatos, conocido entre los matacos y los tobas, se refiere a que un tatú o armadillo, a quien el yaguareté le había comido los hijos, simula estar enfermo y le pide al felino que le cure el estómago. El yaguareté le introduce la parte de la cara en el abdomen del tatú. Al hacerlo, el armadillo aprovecha para cerrar el caparazón atrapando la nariz del yaguareté, que así muere asfixiado.


Muy interesante leer más abajo, los últimos estudios dados a conocer por investigadores de la Fundación Vida Silvestre (FVS), que llevan adelante una investigación sobre la población del yaguareté en nuestra región. Pero no es la única especie. También existen otras que, al igual que el legendario felino, han pasado a formar parte del Libro Rojo, un compilado de la Sociedad Argentina de Estudio de Mamíferos (SAREM) donde aparecen los animales que están en peligro de extinción. 
Para ver fuentes y el artículo de la FVS

Desde el 2003, Vida Silvestre junto con investigadores del CeIBA-CONICET y con el apoyo del Ministerio de Ecología de Misiones y la Administración de Parques Nacionales, busca conocer la situación del yaguareté en la Selva Paranaense.



Hace unas semanas, estos guardianes del monte se hicieron ver. “Ta-arombí”, una hembra joven de 35 kilos fue capturada en el Parque Provincial Puerto Península, a pocos kilómetros de las Cataratas del Iguazú. Por su tamaño, no pudimos colocarle el collar GPS, pero le tomamos muestras y mediciones para conocer su estado de salud. A su vez, “Guacurarí”, un yaguareté macho que fue monitoreado en 2009 y al que se le había perdido el rastro, apareció unos días después en el Parque Nacional Iguazú. Actualmente, el equipo de trabajo está analizando los datos almacenados en su collar.

Las capturas tienen por objetivo colocar collares a los animales con el fin de conocer sus movimientos y los requerimientos de su hábitat en la región. Los datos allí almacenados brindan información sobre las amenazas a las que éstos se enfrentan, así como facilitan el diseño de corredores más adecuados para su desplazamiento. Toda la información recolectada sirve de insumo para elaborar un Plan de Conservación del Yaguareté para la región.


Hasta la fecha, se realizaron grandes avances que permiten saber más de la especie como, por ejemplo, que se encuentran amenazados principalmente por la caza furtiva y la deforestación.


Guardianes del monte 

Muchos se preguntarán por qué conservar a estos felinos que muchas veces causan problemas y temor. Desde el punto vista del cuidado de nuestro ambiente, el yaguareté cumple un rol esencial: al ser grandes carnívoros, regulan las poblaciones de todas las especies que le sirven de presas (evitan excesos poblacionales, eliminan ejemplares viejos o enfermos, y ayudan a disminuir las propagaciones de plagas o enfermedades que afectan a estas especies, a nuestro ganado e incluso a nosotros mismos). Por ello, se considera a esta especie como “indicadora de la salud de la selva”.


En este sentido, cuando el yaguareté se encuentra en peligro de desaparecer, todo el ecosistema se ve afectado. Así, su disminución o extinción puede afectar también los patrones del clima, los recursos hídricos y las precipitaciones a nivel local. La población de yaguareté en la selva misionera disminuyó drásticamente en los últimos años. El compromiso y la ayuda de todos son indispensables para que el guardián de la salud del monte, nuestro sustento, continúe saludable.



Fuente del artículo:
Fuentes de la entrada:
http://www.peligrodeextincion.com.ar/el-yaguarete/


Entradas populares de este blog

¡A preparar un Gatuzo!

¿Quién fue Benazir Bhutto?

El Che: Un niño que creció