El Ave Fénix



“Renacer de las cenizas como el Ave Fénix”

¿Quién, en algún momento de su vida no ha acudido a esta frase o similar, para explicar que, a pesar de los contratiempos, los obstáculos, las malas rachas y todo lo negativo que pueda amedrentarnos y hacernos tambalear, hasta el punto de casi desaparecer, siempre existe un rincón de nuestro cuerpo, mente y alma que nos llama a no dejarnos vencer, a presentar batalla contra la adversidad y a superarnos con el último aliento?

Hay en nosotros, entonces, reminiscencias del Ave Fénix. Gozamos, pues, de esa energía idéntica o muy semejante a la hallada en la Mitología antigua.


En la Mitología Griega, el Fénix correspondiente al Bennu egipcio, es un ave mitológica del tamaño de un águila, de plumaje rojo, anaranjado y amarillo incandescente, de fuerte pico y garras.
Se trataba de un ave fabulosa que se consumía por acción del fuego cada quinientos años, para luego resurgir de sus cenizas. Según algunos mitos, vivía en una región que comprendía la zona del Oriente Medio y la India, llegando hasta Egipto, en el norte de África.

El ave fénix, es un ave de buen augurio.
"Fénix, esencia de fuego". Significa que el Fénix nace perfeccionado del fuego. La figura de esta ave, según la descripción de los antiguos, tiene gran parecido al Pavo Real, pero también cuenta con rasgos característicos de otros animales.

El mito del ave Fénix, alimentó varias doctrinas y concepciones religiosas de supervivencia en el más allá, pues el Fénix muere para renacer con toda su gloria.
Fue citado por los sacerdotes egipcios de Heliópolis, el griego Herodoto, los escritores latinos Plinio el Viejo,  Luciano, Ovidio, Séneca y Claudio Claudiano, o los cristianos, Pablo de Tarso, el Papa Clemente de Roma, Epifanio o San Ambrosio.
 En el Antiguo Egipto se le denominaba Bennu y fue asociado a las crecidas del Nilo, a la resurrección, y al Sol. El Fénix ha sido un símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la purificación, y la inmortalidad. Según el mito, poseía varios dones, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas.
Herodoto (siglo V a. C.), el historiador griego, escribió:
Otra ave sagrada hay allí que sólo he visto en pintura, cuyo nombre es el de fénix. Raras son, en efecto, las veces que se deja ver, y tan de tarde en tarde, que según los de Heliópolis sólo viene al Egipto cada quinientos años a saber cuándo fallece su padre. Si en su tamaño y conformación es tal como la describen, su mote y figura son muy parecidos a las del águila, y sus plumas en parte doradas, en parte de color de carmesí. Tales son los prodigios que de ella nos cuentan, que aunque para mi poco dignos de fe, no omitiré el referirlos.

Claudio Claudiano (siglo IV), el último de los grandes poetas romanos, comentaba:
El Fénix es un ave igual a los dioses celestes, que compite con las estrellas en su forma de vida y en la duración de su existencia, y vence el curso del tiempo con el renacer de sus miembros. No sacia su hambre comiendo ni apaga su sed con fuente alguna.


Fuentes:
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