Amor y educación

El  17 de agosto pasado acaba de cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de la máxima figura histórica argentina: El Libertador de tres países, Argentina, Chile y Perú, héroe junto con Simón Bolívar, de la emancipación sudamericana, el Gral. Don José de San Martín.





Para recordarlo, no hace falta hacer referencia a sus comprobadas cualidades de estratega militar, podemos hacerlo desde distintas facetas de su personalidad, por ejemplo, desde su rol de padre.


Nuestro prócer formalizó un solo matrimonio a poco de llegar desde Europa a Buenos Aires en 1812 con María de los Remedios de Escalada. De esa unión nació una única hija, Mercedes Tomasa de San Martín Escalada en el año 1816.

María de los Remedios de Escalada

Más tarde, pequeña aún, quedaría huérfana de madre al fallecer ésta, afectada de una grave enfermedad, en 1823.

Un año después, cumplidos su objetivos políticos y militares, San Martín y su hija Merceditas,  embarcaban hacia Europa, para radicarse en Francia.

A partir de entonces, ya no se le conocieron al General más amores que los de su hija y su nieta.


Mercedes Tomasa de San Martín Escalada

Para un hombre casado, con fama de haberse dejado querer y acompañar por distintas mujeres en sus continuas campañas militares o en el ejercicio de la función pública, conformarse con el único amor de su hija,  cuando aún era joven y viudo, habla de otra de las cualidades que neutralizan los defectos y yerros de Don José de San Martín.
Su obsesión por la educación de su hija Merceditas, criada con la benevolencia y consentimiento de su abuela materna, quien se hizo cargo de la niña debido a la terrible enfermedad que postró a su madre, llevándola a una temprana muerte, ocuparon el resto de los días del General, como única meta.

"Aunque es verdad que todos mis anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado han recompensado con usura todos mis esmeros, haciendo mi vejez feliz."
San Martín, 1844

José de San Martín , anciano.


En la escuela primaria, por lo menos a los de mi generación, nos marcó el estudio de las famosas "Máximas de San Martín", también a los de las anteriores y quizás a los que vinieron después, quienes seguramente incorporaron, sino todas, algunas, a la propia formación personal.

Estas Máximas o normas de conducta con un marcado contenido moral orientaron la cultura de una época en nuestro país. Son un símbolo de una identidad pasada. Por los avatares del desarrollo, la imitación, la corruptela, casi no están vigentes.
Sin embargo, al recordarlas ya estamos haciendo "algo."

¡Vale la pena leerlas!


Máximas redactadas por el General San Martín para su hija Mercedes Tomasa
"1º.- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aún con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos."
"2º.- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira."
"3º.- Inspirar la gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto."
"4º.- Estimular en Mercedes la Caridad con los Pobres."
"5º.- Respeto sobre la propiedad ajena."
"6º.- Acostumbrarla a guardar un Secreto."
"7º.- Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las Religiones."
"8º.- Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos."
"9º.- Que hable poco y lo preciso."
"l0º.- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa.
"11º.- Amor al Aseo y desprecio al Lujo."

"12º- Inspirarla amor por la Patria y por la Libertad."





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