Nuestra energía perdida

Hace un tiempo comencé a ver en la Red varias y distintas publicaciones sobre un texto atribuido al Dalai Lama.
Dicho texto se titula: “Los diez ladrones de tu energía” Decidí analizar estos consejos.





*Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente. 
*Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.

Éste, es el caso de ese tipo de personas que se caracterizan por dejarnos “sin fuerzas” luego de una plática con ellas. Efectivamente, nuestro organismo queda debilitado. Nos sentimos cansados, después de haber escuchado, sus quejas, sus descalificaciones, sus historias terribles en las que, generalmente vuelcan una dosis de resentimiento y envidia respecto de otros y especialmente de su propio interlocutor.   Se nos ha ido nuestra energía. Se les suele llamar “Vampiros de energía”.



A propósito de ello, sabemos que la energía, en realidad es una sola, pero con distintos niveles vibracionales, y tal es así que solemos decir: No, yo no funciono en tu misma frecuencia.
Así, la diferencia vibracional entre unos y otros, los distingue. Esta es la causa por la que, en algunos se dan buenas relaciones y en otros no, al igual que, unos se sienten atraídos y otros se repelen.




Puede concluirse, que es conveniente para nuestra propia salud emocional y mental apartarnos de estas personas o limitar nuestro contacto con ellas con delicada inteligencia.



*Paga tus cuentas a tiempo. A la vez cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.

Dos posturas frente a la vida: La de la responsabilidad en la obligación de pago y la facultad de cobrar o no cobrar cuando tenemos un crédito.

¡Claro! que todos sabemos que pagar a tiempo es lo que corresponde y el hacerlo nos reconforta, nos quita una carga, dejamos atrás el estrés; pero, en los tiempos que corren, muchas veces no tenemos más remedio que extender los pagos, en cuyo caso correremos con las consecuencias. Deberemos soportar que nuestra energía se consuma en la culpa de estar atrasados.



En la segunda postura, también rapta nuestra energía la espera de aquello que nos corresponde y que no llega: ¡No nos pagan! Cuando se insiste en el cobro pero resulta imposible que nuestro deudor nos cumpla, en pos de nuestra salud, no nos quedará más alivio que perdonar la deuda y no tropezar otra vez con la misma piedra. También en este caso, nuestro organismo queda debilitado. Nos sentimos cansados. Se nos ha ido nuestra energía, ésa  de que estamos hechos y que resulta cada vez más difícil recuperar.




Puede concluirse, que es conveniente para nuestra propia salud emocional y mental cumplir con nuestras deudas y no amargarnos si no logramos cobrar a quienes nos deben, es mejor olvidar el tema, de lo contrario, se convertirá en un experimentado ladrón de nuestra energía.

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