Saber envejecer

Mi amiga: Mirta T
El paso del tiempo implica en nuestra cotidianeidad, un proceso casi imperceptible hasta que un día lo descubrimos. Nos miramos desde el afuera, desdoblando nuestro rol personal en actor y espectador. La resistencia aparece. Pero el cambio es inevitable.
Sin embargo, mientras conservemos una actitud joven, la que va de la mano de la esperanza el tiempo pasará menos desapercibido y No nos condenaremos frente al hecho develado.
Para nada debemos sentirnos viejos en el sentido de “algo que no sirve”. Servimos, por supuesto. Crecemos día a día y si sabemos cuidarnos, si consideramos nuestra salud como prioritaria no decaeremos espiritualmente.

Mi hermana del corazón: Rous N.
La belleza que innegablemente ostenta un cuerpo joven se va metiendo en el adentro, con la experiencia vivida y se exalta en nuestro Ser, cuanto más hemos crecido.
Aparece, así, otra forma de admirarla, sin que ello sea obstáculo para dejarse el pelo largo, vestir vaqueros o ponerse una bikini. A propósito, una vez, hace varios años, vi a una señora en la pileta de un hermoso hotel del caribe mexicano, con una dos piezas de color verde brillante. Su cuerpo, bronceado y delgado, cargaba con 77 años y se derrumbaba en pliegues y arrugas, pero su “Actitud” frente a la vida la convertía en la más bella de todas las mujeres que lucían sus cuerpos, en ese lugar.


Afortunadamente, la mujer actual, en su gran mayoría, sabe cuidarse, está informada y cuenta con más posibilidades de acceso, no sólo a las técnicas que la ayudarán a estar mejor físicamente, sino también, espiritual y mentalmente.

Yo
Por eso, en este camino que nos toca vivir a los humanos, sin lugar a dudas, iremos dejando nuestra juventud adolescente atrás para alcanzar la sutil belleza de la madurez, expuesta tal vez en el cuerpo, pero más aún, en el pensamiento que no termina nunca de crecer.
ZM

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