Al que le quepa el sayo que se lo ponga

Una reflexión para terminar el año

Estos benditos, próximos o pasados sesenta años. . .


Una reflexión que me venía haciendo desde tiempo atrás, cobró forma al poder redondear la idea leyendo distintas fuentes sobre el alargamiento de la expectativa de vida del ser humano. Unos años atrás había comprado un librito referido a las mujeres de 50 años, escrito por una profesional porteña y mejor escritora, el cual me había encantado. Recientemente, compré y leí  otro, referido a las mujeres de 60 de la misma autora* en el que se trata a la década desde un punto de vista muchas veces humorístico y veraz. Luego pensé que muchas de las últimas aseveraciones de las que me informé también podían corresponder a nuestros pares, los hombres. Más tarde leo una publicación en la que se da una estadística, según la cual los hombres de 60 años  han comenzado, aún antes de esa edad a cuidarse la piel del rostro, usando cremas antiarrugas y nutritivas. Sumo a esta información el recuerdo de un señor de unos 50 y pico de años, escribano, él, que asistía a un instituto  de belleza en el mismo horario que yo, también para reducción de silueta, ese recuerdo me lleva a otro y a otro mucho más reciente, por ejemplo, yendo a una médica dermatóloga especialista en cosmiatría, me encuentro en su escritorio con un CD de un cantante muy popular entre nosotros y de mi total agrado, entonces, le pregunto: “Doctora ¿éste es el último CD de. . .?” a lo que la profesional me responde: “Sí, es paciente mío, le estoy mejorando el cutis”. . .



Tener 60 años en el Siglo XXI



Entonces compruebo que mi idea es compartida por muchísima gente:

Es alentador comprobar que hombres y mujeres con 60 años, cercanos a cumplirlos o ya cumplidos, constituyen una franja social que antes no existía y que ha ganado un posicionamiento en nuestra sociedad, porque no quieren ser tratados como viejitos. Son jóvenes de cuerpo y espíritu y han desterrado del idioma la palabra “sexagenario” sencillamente porque han sabido desafiar al tiempo y a la vida.


Anónimo circulando en Internet que ha motivado mi comentario
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo veinte para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura rioplatense le dio durante décadas al concepto del trabajo.
Lejos de las tristes oficinas de J.C. Onetti o Roberto Arlt, esta gente buscó y encontró hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganó la vida con eso.
Supuestamente debe de ser por esto que se sienten plenos...algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen de adentro en uno y en la otra. Disfrutan estando al "pedismo", porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o volar una paloma desde el 5º piso del dpto.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante.
Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres sólo podían obedecer y de ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado con ocupar.
Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60´, en aquellos momentos de su juventud en el que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad.
Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, otras eligieron tener hijos, otras eligieron no tenerlos, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO S.A.".
Pero cada una hizo su voluntad.
Reconozcamos que no fue un asunto fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "sesenta", hombres y mujeres, maneja la PC como si lo hubiera hecho toda la vida.
Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental.
A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo... y a otra cosa

La gente grande comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo...Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette.
En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.

Hoy la gente de 60, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, por que la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.

La gente de 60 de hoy, celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo...Quizás, por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los de sesenta en el siglo XXI.


* Hilda Levy, psicóloga y escritora argentina, autora de Mujeres de 60, Ed. Sudamericana


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