El pantalón ¿Símbolo de poder? (2)

Christine Bard, la  historiadora francesa, autora del libro Una historia política del pantalón de reciente publicación en Francia, describe el desarrollo histórico-político de esta prenda originariamente masculina y unisex desde hace 40 años con duras resistencias  por parte de ambos platillos de la balanza.


Sucesor de las llamadas bragas, que las clases populares utilizaron hasta fines del siglo XVII, el pantalón simboliza la masculinidad y, sobre todo, el poder, como lo demuestra la expresión “llevar los pantalones”. Al comienzo, sin embargo, el pantalón fue “la prenda del vencido, del bárbaro, del pobre, del campesino, del marino, del artesano, del niño y del bufón”, explica Bard.(1)
El origen de la palabra “pantalón” es reciente. Viene del apodo que recibían los venecianos, adeptos a unos calzones largos y angostos llamados pantalone en honor al santo que veneraban, Pantaleón.
El pantalón también se desarrolló, explica la autora en el ámbito de la marina: a partir del siglo XVII, la prenda fue adoptada por los marineros. Los pescadores, por su parte, usaban un pantalón que variaba en largo y ancho, según la localidad donde habían nacido.

Fue justamente el pantalón marinero el que inspiró, a fines del siglo XVII, la moda para los niños de la aristocracia y la nobleza. Cerca de 1790, relata Bard, el delfín de la corona de Francia posó con ese tipo de pantalón, levemente ajustado en los tobillos con una cinta azul. La innovación, originada en Inglaterra, representó una mayor comodidad de la vestimenta infantil, liberada por fin de las ballenas que encorsetaban el cuerpo.
El pantalón tomó un cariz político  a partir de la  Revolución Francesa. La prenda hasta el momento recibía el nombre de  culotte (calzón). Era, un calzón ajustado a la rodilla, que dejaba desnuda la pantorrilla, la cual se cubría con una media sujeta con una liga. Éste sólo fue usado por los hombres de la realeza.
Esa prenda ajustada era todo lo contrario de la vestimenta amplia que ocultaba el cuerpo, utilizada por las clases inferiores de la sociedad, heredada de las bragas que llevaban los primitivos galos. Esta vestimenta dio origen al nombre de sans-culottes, con el que se denominó a la gente de los estratos sociales más bajos.
Los sans-culottes fueron, precisamente, quienes derrocaron a la monarquía en 1789. De la mano de esos desheredados, el pantalón consiguió encaramarse hasta lo alto de la escala social con la Revolución. Una de sus características accesorias fue la de haber introducido “la confusión de géneros”, según Bard. Por solidaridad revolucionaria y comunión de ideales, también las clases altas progresistas cambiaron sus culottes por el pantalón e inauguraron así una nueva era.
Fuentes:(1)Viernes 19 de noviembre de 2010 

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