Un acto de coraje. . .


9 de julio de 1816
Declaración de la Independencia Nacional


“La Declaración de la Independencia fue, básicamente, un acto de coraje, una especie de gran compadrada en el peor momento de la emancipación americana. En el norte del continente, Bolívar había sido derrotado. Chile estaba nuevamente en manos de los realistas. Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y apenas si eran contenidos por las guerrillas de Güemes. Para empeorarlo todo, Fernando VII había recuperado el trono de España y se preparaba una gran expedición cuyo destino sería el Río de la Plata. La Banda Oriental estaba virtualmente ocupada por los portugueses. Y en Europa prevalecía la Santa Alianza, contraria a las ideas republicanas. En ese momento crítico los argentinos decidimos declararnos independientes. Fue un gran compromiso, el rechazo valiente de una realidad adversa. Era empezar la primera navegación de un país independiente, sin atender las borrascas ni los riesgos. Un acto de coraje.”

                                                                                                                            Félix Luna

Desde el inicio, los argentinos, fuimos, conciente o inconcientemente,  diferentes, arriesgados, decididos, pasionales, no previsores y menos organizados y planificadores, con la honrosa excepción del Gral. José de San Martín. A apenas 6  años  del 25 de mayo de 1810, que recuerda “La llamada Revolución de Mayo”, efervescencia de un proceso crucial en nuestra historia, con un origen bien plantado en una serie de causas propias y externas, los revolucionarios de las provincias Unidas del Río de la Plata, declaran su independencia en medio de un momento, políticamente crítico, para culminar  40 años más tarde en la sanción y jura de nuestra carta magna en 1853, atravesando las más sangrientas luchas intestinas.

Los principales objetivos del Congreso de Tucumán fueron declarar la independencia y establecer un régimen de gobierno.

Desde Cuyo, San Martín le escribía al Diputado Godoy Cruz : "Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? Es ridículo acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al Soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos".

El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán resolvió tratar la Declaración de la Independencia. La sesión fue presidida por el Diputado por San Juan, Francisco Narciso de Laprida.


El Secretario Juan José Paso leyó la propuesta, preguntando a los congresales, "si querían que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli". Los diputados aprobaron por aclamación y luego, cada uno fundamentó su voto. Acto seguido, firmaron el Acta de la Independencia.

Sin embargo, en sesión secreta, el diputado por Buenos Aires, Pedro Medrano, pidió que antes de pasarse al ejército el Acta de la Independencia, se agregase a la fórmula del juramento, después del párrafo "Fernando VII sus sucesores y metrópoli", la aclaración "y de toda dominación extranjera" Medrano fundamentó su moción (que fue aprobada por el Congreso) en que así se lograría contener el rumor de que el Director Supremo y algunos diputados se proponían entregar el país a los portugueses.


Afuera, el pueblo celebraba. Terminada la sesión, se realizaron diversos festejos públicos.

Desde 1820 hasta 1826 y desde 1827 (tras la renuncia de Vicente López y Planes, sucesor de Rivadavia) hasta 1853 (año de sanción de la Constitución Nacional Argentina que rige actualmente) cada provincia reasumió su soberanía, sancionó su constitución propias y tuvo sus propias instituciones y autoridades, independientes de las demás provincias, como si cada una de ellas fuese un Estado.

Durante esos largos períodos de autonomías provinciales, se tomó por costumbre que las provincias delegaran el manejo de las relaciones exteriores (cuerpo diplomático) y los negocios de paz y guerra en el gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

El gobierno de Buenos Aires obtuvo el reconocimiento de la Independencia por parte de las principales potencias del mundo: Estados Unidos de América (1822) Gran Bretaña (1824) Francia (1830)

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