La espiral que no cesa. . .

En el Mundo actual en que vivimos, estamos constantemente expuestos a cambios inesperados y rápidos, que nos exigen más dedicación, más conocimiento, más competencia. ¡Imposible quedarse atrás! Al mismo tiempo nos obligan a hacernos cargo de más obligaciones. Por otra parte, los problemas políticos y ambientales nos empiezan a preocupar cada día más. Estos estímulos externos, propios de esa realidad que hemos construido los seres humanos, parecen atacarnos y nuestra mente se enreda en sí misma, nacen los pensamientos negativos, se generalizan situaciones y no podemos encontrar un poco de sosiego para “pensar claramente”. El apuro, la falta de tiempo y la exigencia vivida o que vivimos, acaban por crear un tornado existencial que nos absorbe y debilita, bajan las defensas y enfermamos: Ha llegado a nuestras vidas, su majestad, el Estrés y como tal comenzamos a sufrir los efectos de su dominio y despotismo.


Ya estamos cautivos y comienza nuestra lucha por deshacernos de él. Muchas veces ganamos una batalla pero no la guerra. Y las armas que usamos no funcionan como lo esperábamos. Ya se desató la “crisis de angustia”. No hay más remedio, debemos tomar el toro por las astas y buscar la solución a este flagelo que ataca a la civilización.
Existen muchos métodos para ello, de acuerdo a cada afectado, incluso la combinación de algunos, resulta beneficioso. Uno de tales, la Terapia cognitiva conductual promete enseñarnos a manejar la situación descripta de la manera más efectiva.


A propósito, el Dr. Ricardo Ros, Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), quien ejerce como psicoterapeuta desde 1980 en Pamplona, nos cuenta:

“Estoy especializado en el tratamiento de todos los procesos relacionados con la ansiedad y el estrés. ¿Qué es la ansiedad desde mi perspectiva? Una valiosa herramienta que tiene el cerebro humano para ponernos a salvo en situaciones límite, pero que se convierte en una pesadilla cuando el cerebro sigue dando las mismas respuestas sin motivo.
Considero la ansiedad como una extraordinaria herramienta que tiene el ser humano (y, por cierto, también los animales), que se activa en el momento en que nuestro cerebro considera que existe un peligro real para mantener la vida. Los síntomas de la ansiedad hacen que haya una respuesta automática de todo nuestro sistema nervioso con la finalidad de ponernos a salvo. Así como el animal huye del peligro o se enfrenta a él en cuanto lo detecta, los seres humanos respondemos de la misma manera, seguimos teniendo respuestas bastante primarias: sudoración, taquicardia, palpitaciones, un nudo en el estómago, falta de aire, la cabeza que se embota. Hay más de cuarenta síntomas relacionados con la ansiedad.

Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro cerebro codifica algo neutro como un peligro real? Lo que ocurre es que el cerebro envía los mismos síntomas de ansiedad, esto es, de huída o de evitación, como si el peligro fuera evidente. También puede ocurrir que ante una situación de peligro real, nuestro cerebro envíe ansiedad, pero sigue enviándola también una vez acabado el peligro. Esto ocurre muchas veces en el denominado Trastorno por estrés postraumático.

Nuestro cerebro tiene una característica muy importante. Cuando algo para él tiene una especial importancia, es decir, cuando se produce una respuesta emocional, sea buena o mala, el cerebro tiende a repetir esa misma respuesta ante el mismo estímulo. Esto se conoce como "anclaje". Un anclaje es una respuesta automática asociada a un estímulo neutro, que se dispara ante la sola presencia del estímulo Por ejemplo, las canciones o los olores son anclajes muy poderosos: olemos un perfume u oímos una canción y despiertan en nosotros recuerdos y emociones olvidadas desde hace muchos años, aquella primera novia, nuestro primer día de colegio, las famosas magdalenas. . . La ansiedad funciona a través de anclajes negativos. Nos quedamos "enganchados" en respuestas automáticas asociadas estímulo supuesto o realmente ansiógeno. Pero es que el cerebro tiene otra característica todavía más importante, para bien y para mal. Si no nos quitamos algo de la cabeza, el cerebro comienza a generalizar el estímulo a estímulos parecidos, en el significado, en la forma, en el simbolismo, en lo que sea. Cada vez hay más estímulos que provocan la misma reacción de ansiedad. Es la sensación que tiene la persona atrapada por un proceso de ansiedad, que cada vez hay más cosas, situaciones, contextos, que provocan respuestas de ansiedad. A veces la ansiedad se va a cumulando hasta que estalla en lo que llamamos crisis de ansiedad o de angustia.

Así como la ansiedad tiene relación con miedos de futuro (¿y si me pasa tal cosa?), la depresión está relacionada con culpas del pasado.

Terapia Cognitiva-Conductual
El tratamiento no es más que un enfrentamiento cara a cara con el problema y consta de 3 pasos básicamente.

Terapia Cognitiva

Es la que lleva a cabo el mencionado profesional a través de su conocido método Stop a la ansiedad.

Aquí se reeduca al paciente con teoría y conocimientos sobre el tema central, se hacen exposiciones interoceptivas (in vitro) y exposiciones reales (in vivo). En pocas palabras, hacer esta terapia cognitiva es como jugar a ser científico, se observa la realidad, se recopilan datos de lo que se conoce, se analiza, se crea una hipótesis, se experimenta y por último se obtiene una ley.
Esto quiere decir que la terapia consta de un análisis completo estudiando el origen de la ansiedad, cómo surge, para qué sirve, cuáles son sus componentes, cómo se manifiesta y en qué nos beneficia. Comprendiendo cómo la ansiedad funciona y cómo ahora está afectando la vida del paciente, este deduce la razón del por qué su cuerpo reacciona de esa manera, y del por qué la mente le protege del supuesto peligro.
Con bases fijas de cómo surge la ansiedad, pero sobre todo el pánico; comienza la exposición interoceptiva (in vitro), esto es provocándose voluntariamente situaciones que le generen ansiedad o pánico.
El objetivo de la exposición “in vitro”, es que el paciente experimente estímulos que desaten su ansiedad o pánico en situaciones donde "supuestamente esta a salvo"; para lograr comprender que sus pensamientos automáticos son falsos, que no vendrá una catástrofe como creía desde un principio, que no sucederá alguna tragedia, y que podrá enfrentar una situación real que implique reto o un comportamiento distinto. También aquí se enseña al paciente a eliminar tensión de su cuerpo, con ligeros ejercicios de respiración y relajación (comúnmente).
Cuando el paciente está convencido de que puede al sentirse apto y seguro de sí mismo para enfrentar la realidad, comienza la exposición “in vivo”, es decir, se enfrenta cara a cara a su temor, afrontando sus pensamientos y sus sensaciones en la situación temida, y comprobando aún más que no hay peligro inminente que ponga en riesgo su vida, que no vendrá la catástrofe que su mente había creado.
Es importante que permanezca en tal situación tanto tiempo como el paciente lo necesite y lo soporte, para que poco a poco desaparezca el malestar y compruebe que las sensaciones son totalmente inocuas e innecesarias; y si se insiste mas, llegará un momento en que la situación no generara ningún tipo de ansiedad, y la terapia habrá funcionado.
Los primeros ensayos, pero sobre todo las exposiciones "in vivo" serán largas y duras. No se debe obligar al paciente a hacerlo por la fuerza o bajo amenaza. Si se desea ayudar, es mejor estimularlo con ideas positivas, haciéndole ver cuáles serán sus logros y beneficios obtenidos cuando finalice su exposición "in vivo". Por eso es importante que el paciente lo haga voluntariamente; de esta manera sentirá mayor satisfacción, alivio, desahogo y confianza, pero sobre todo capaz de hacerlo por sí mismo al sentirse una persona sana.

Fuente:
http://www.ricardoros.com      http://www.magalian.com http://es.wikipedia.org/wiki/Agorafobia#Terapia_Cognitiva-Conductual


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